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15-03-2018 | Notas de Opinin
GRANDES EXITOS

La Cultura del "éxito o nada" del fútbol argentino y su visión de "sólo hoy" que no permite disfrutar la Historia, y tal vez ni el pasado más reciente.

 

El (¿ahora?) más Grande técnico de la historia del Más Grande, el Napoleón, el inventor del 4G, el responsable de la vuelta
del "este es el Famoso River....", el que nos devolvió la Paternidad sobre ellos, los pechó a todos juntos y recuperó el pedestal
más alto del que el exitismo argentino-futbolístico lo sacó de prepo.
Ni es un mito, ni es una casualidad, que todo jugador de fútbol que aterriza al fútbol argentino, así venga de una Liga Europea,
tiene que adaptarse al fútbol argentino. Al ritmo, a la intensidad, a la exigencia, al desgaste tanto físico como mental como 
emocional. Esto es producto de cómo los argentimos vivimos el fútbol; y esto amerita primero destacar que el fútbol no lo vemos,
no lo analizamos, no lo pensamos, lo vivimos. Lo vivimos no sólo de forma pasional y viseral, sino también de manera drástica y dramática.
Nos encargamos de construir un exitismo radical que se come todo lo que no sea hoy. Lo que pasó hace 2 minutos lo arrasamos, lo convertimos en ruinas.
A los siete títulos en 3 años y medio, a razón de uno por semestre, entre ellos la obsesiva y prestigiosísima Copa Libertadores, nuestro exitismo alquimista
logró convertirlos en peñiques de madera y barro. Batisinamos la devacle, pronosticamos la caída libre, aseguramos el fin del ciclo.
Le dimos al gigantezco Marcelo Gallardo la salida, el chau, le revoleamos por la cabeza el pasaporte, y casi sin darle las gracias, con un simple e ingratísimo
"ya fue".
El mismo exitismo que va a recibirlo con pompas en el Monumental. El ingreso triunfal de Napoleón a París. La autopredictiva alquimia que despreció 7 peñiques de madera y barro,
ahora glorifica 8 doblones del Tesoro Perdido.
Esta cultura del éxito o nada logró las máximas 
Las drásticas declaraciones de café de la semana pasada, y las antagónicas de hoy, las notas devastadoras escritas hace 5 días y 10 días y 15 días atrás, y 
las gloriosas de hoy y mañana y pasado (no más), y todo el derrotero que vendrá cuando se deje de salir campeón durante interminables 7 meses,
 y también esta que estás leyendo; logradas por esta cultura del "éxito o nada", igualmente ya no van a lograr borrar de la historia el brillo eterno,
el fuego sagrado del Más Grande Técnico de nuestra hermosa y amada historia, porque ya quedó escrita con polvo mágico blanco y rojo en el infinito del Universo.
GRACIAS MARCELO

El (¿recién ahora?) más Grande técnico de la historia del Más Grande, el Napoleón, el inventor del 4G, el responsable de la vuelta del "este es el Famoso River....", el que nos devolvió la Paternidad sobre ellos; los pechó a todos juntos y recuperó el pedestal más alto del que el exitismo argentino-futbolístico lo sacó de prepo.

Ni es un mito, ni es una casualidad, que todo jugador que aterriza al fútbol argentino, así venga de una Liga Europea, tiene que adaptarse a nuestro fútbol. Al ritmo, a la intensidad, a la exigencia, al desgaste tanto físico como mental como emocional. Esto es producto de cómo los argentimos vivimos el fútbol; y esto amerita primero destacar que el fútbol no lo vemos, no lo analizamos, no lo pensamos, lo vivimos. Lo vivimos no sólo de forma pasional y viseral, sino también de manera drástica y dramática.

Nos encargamos de construir un exitismo radical que se come todo lo que no sea hoy. Lo que pasó hace 2 minutos lo arrasamos, lo convertimos en ruinas.

A los siete títulos en 3 años y medio, a razón de uno por semestre, entre ellos la obsesiva y prestigiosísima Copa Libertadores, nuestro exitismo alquimista logró convertirlos en peñiques de madera y barro. Vatisinamos la debacle, pronosticamos la caída libre, aseguramos el fin del ciclo. Le dimos al gigantezco Marcelo Gallardo la salida, el chau, le revoleamos por la cabeza el pasaporte, y casi sin darle las gracias, con un simple e ingratísimo "ya fue".

El mismo exitismo que va a recibirlo con pompas en el Monumental. El ingreso triunfal de Napoleón a París. La autopredictiva alquimia que despreció 7 peñiques de madera y barro, ahora glorifica 8 doblones del Tesoro Perdido.

Las drásticas declaraciones de café de la semana pasada, y las antagónicas de hoy, las notas devastadoras escritas hace 5 días y 10 días y 15 días atrás, y las gloriosas de hoy y mañana y pasado (no más), y todo el derrotero que vendrá cuando se deje de salir campeón durante interminables 7 meses, y también esta que estás leyendo, logradas por esta cultura del "éxito o nada", igualmente ya no van a lograr borrar de la historia el brillo eterno, el fuego sagrado del Más Grande Técnico de nuestra hermosa y amada historia, porque ya quedó escrita con polvo mágico blanco y rojo en el infinito del Universo.

 

GRACIAS MARCELO

 

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